BIENVENIDOS A RECUERDOS ESCRITO: EXPERIENCIA PRESENTADAS CON UN AVATAR DE IA Y VISIÓN DEL MAÑANA. UN ESPACIO MINIMALISTA PARA PENSAMIENTOS COMPLEJOS"

domingo, 18 de enero de 2026

DEL RITO AL ROBOT QUE BAILA.





Del rito al algoritmo: danza, cuerpo y creación en la era de la inteligencia artificial
Parte: I

Introducción: los orígenes de la danza como arte

Por: Jorge García. 

La danza es una de las formas de expresión artística más antiguas de la humanidad, anterior incluso al lenguaje escrito. Sus orígenes se remontan a prácticas rituales, mágicas y comunitarias en las que el movimiento del cuerpo funcionaba como medio de comunicación simbólica, vínculo con lo sagrado y herramienta de cohesión social. En las sociedades prehistóricas, danzar era invocar la lluvia, celebrar la caza, acompañar el tránsito entre la vida y la muerte o reforzar la identidad del grupo.

A diferencia de otras artes que dependen de objetos externos —piedra, pigmento, palabra escrita— la danza tiene como materia prima el cuerpo vivo en el tiempo y el espacio. Esta condición la convirtió desde sus inicios en un arte profundamente ligado a la experiencia humana, a la emoción, al ritmo biológico y a la percepción del otro. Con el paso de los siglos, la danza se institucionalizó: surgieron formas codificadas como el ballet clásico en las cortes europeas, las danzas teatrales en Asia, y posteriormente, en el siglo XX, movimientos de ruptura como la danza moderna y contemporánea, que reivindicaron la subjetividad, la improvisación y la experimentación.

Este breve recorrido histórico permite entender por qué la irrupción de la inteligencia artificial y los robots en la danza genera hoy tanto asombro como resistencia: por primera vez, una práctica ancestral, profundamente humana, se abre a entidades no biológicas capaces de aprender, decidir y moverse.

El cuerpo como lenguaje y la coreografía como pensamiento

La coreografía no es solo una secuencia de pasos; es una forma de pensamiento encarnado. Coreografiar implica organizar el movimiento en el tiempo, pero también construir sentido, emoción y relación con el espacio y con otros cuerpos. Tradicionalmente, este proceso ha sido resultado de la experiencia corporal, la intuición artística y la transmisión cultural.

Más allá de ejecutar movimientos preprogramados, la IA ahora crea secuencias de danza complejas a partir de música. Un ejemplo es el proyecto EDGE de la Universidad de Stanford, que utiliza modelos generativos para crear movimientos coherentes con la música — movidas y emocionalmente significativas — que también son físicamente plausibles para un cuerpo humano real.

Este tipo de IA puede ser usado como:Herramienta conceptual para coreógrafos humanos,
Simulación de secuencias antes de ensayos físicos,
Soporte educacional para estudiantes de danza.

La característica clave es que el sistema interpreta ritmo, dinámica y estilo, no solo estadísticas de movimiento, permitiendo exploraciones coreográficas novedosas.



La entrada de la inteligencia artificial en este terreno introduce una transformación radical: el movimiento puede ahora ser analizado, modelado y generado algorítmicamente. Sistemas de IA entrenados con grandes bases de datos de movimiento humano son capaces de identificar patrones rítmicos, estilos y dinámicas, proponiendo secuencias que respetan leyes físicas y coherencia estética.
Este fenómeno plantea una pregunta central:
¿puede la coreografía existir sin experiencia corporal directa? Desde una perspectiva crítica, la IA no “siente” el movimiento, pero sí puede simular estructuras formales que históricamente han sido producto de la sensibilidad humana. Esta simulación no reemplaza el cuerpo, pero sí desafía la idea de que la creación artística es exclusivamente resultado de la vivencia subjetiva.

Robots bailarines: entre la proeza técnica y la ilusión expresiva


Un ejemplo reciente y espectacular ha sido la participación de robots humanoides de la compañía Unitree Robotics como bailarines en vivo. En un concierto masivo en Chengdu, China, estos robots acompañaron al artista Wang Leehom con movimientos sincronizados, incluyendo acrobacias como saltos con giro (Webster flips), logrando precisión rítmica al compás de la música.

Este evento no solo se viralizó en redes sociales, sino que también marcó una tendencia tecnológica: integrar robots en actuaciones en vivo con exigencias artísticas y técnicas. Lejos de ser simples demostraciones de hardware, estos robots exhibieron coordinación física, percepción del entorno y sincronización musical que requieren fusión de IA y control dinámico de movimiento.

Estos logros son reflejo de un progreso acelerado en robots bipedales ágiles, que hasta hace pocos años se limitaban a demostraciones interiores de laboratorio o videos promocionales (como los antiguos bailes publicados por Boston Dynamics).

Los robots humanoides bailarines representan el punto más visible —y mediático— de esta convergencia. Su capacidad para ejecutar coreografías complejas, sincronizarse con música y mantener equilibrio dinámico es fruto de avances en aprendizaje automático, control motor y percepción del entorno.

Sin embargo, desde una mirada artística, su valor no reside únicamente en la precisión mecánica. El interés emerge cuando el público proyecta significado y emoción sobre esos cuerpos artificiales. Al igual que ocurre con una marioneta o una máscara, el espectador completa el gesto con su propia sensibilidad. El robot no “expresa” en sentido humano, pero produce la ilusión de expresión.

Planificación de Movimiento Robótico (RoboBallet)

Si bien EDGE genera danzas para personas o avatares digitales, otras investigaciones se enfocan en coordinación física de robots múltiples como si fuesen bailarines. El proyecto RoboBallet (UCL + Google DeepMind) desarrolla algoritmos que permiten a grupos de robots ajustar sus movimientos en tiempo real para trabajar de forma colaborativa y sin colisiones, con una armónica semejante a una coreografía de ballet.

Aunque su aplicación principal es industrial — mejorar planes de movimiento en fábricas — la analogía con la danza subraya cómo la coordinación inteligente de agentes autónomos puede alcanzar niveles artísticos de sincronización y gracia.

IA y co-creación: ¿herramienta, colaborador o autor?

 

Uno de los cambios más profundos que introduce la IA en la danza es el paso de la automatización a la co-creación. En lugar de limitarse a ejecutar instrucciones humanas, algunos sistemas interactúan con bailarines, responden a estímulos en tiempo real y proponen variaciones coreográficas.

Desde una perspectiva crítica, esto obliga a repensar la noción de autoría. Si una coreografía surge del diálogo entre un cuerpo humano y un sistema algorítmico, ¿quién es el creador? ¿El programador, el intérprete, el modelo entrenado con datos de miles de otros cuerpos?

Esta disolución de la autoría individual no es nueva en el arte, pero la IA la intensifica, ya que introduce memorias corporales colectivas (datasets de movimiento) que influyen en cada nueva creación. La danza se convierte así en un espacio donde convergen cuerpos presentes y cuerpos ausentes, codificados en datos.

Implicaciones culturales y éticas

  • El uso de robots e IA en la danza no es neutral. Plantea interrogantes sobre:
  • La estandarización del movimiento, si los modelos se entrenan con repertorios dominantes.
  • La precarización del trabajo artístico, si la tecnología se utiliza como sustituto y no como complemento.
  • La redefinición de lo humano, cuando atributos como creatividad, ritmo y coordinación dejan de ser exclusivos de nuestra especie.

Desde una mirada crítica, el desafío no consiste en rechazar estas tecnologías, sino en decidir cómo integrarlas sin vaciar de sentido la experiencia corporal que ha definido la danza durante milenios.

 La danza como territorio de negociación

La danza nació como rito, evolucionó como arte y hoy se enfrenta al algoritmo. Lejos de significar su desaparición, la irrupción de la inteligencia artificial y los robots revela la capacidad de la danza para absorber, resistir y resignificar los cambios tecnológicos.

Con la IA produciendo propuestas de movimiento y robots ejecutando con precisión mecánica, surge la pregunta: ¿cuál es el lugar del bailarín humano? Algunas perspectivas sostienen que la máquina no sustituye la creatividad humana, sino que provee nuevas herramientas para expandir repertorios expresivos y desafiar convenciones estéticas.

El encuentro entre cuerpos humanos y cuerpos artificiales no cancela la dimensión expresiva de la danza; la pone en crisis, y en esa crisis abre nuevas preguntas estéticas, filosóficas y políticas. En última instancia, la danza sigue siendo un territorio donde se negocia qué entendemos por movimiento, por presencia y por creación en cada época histórica.

  Fuentes y vías de conocimiento

Adshead, J. Dance Analysis: Theory and Practice. Routledge.

Laban, R. The Mastery of Movement. Macdonald & Evans.

Foster, S. L. Choreographing Empathy. Routledge.

Investigaciones recientes sobre IA y coreografía: Stanford University (EDGE), UCL & DeepMind (RoboBallet).

Estudios interdisciplinarios sobre arte, robótica y performance publicados en arXiv y MIT Press.


 











LUCHA CONTRA EL CANCER






La inteligencia humana frente a su propia fragilidad



Por Jorge Garcia.

Los adelantos en la medicina son enormes, la tecnología alcanza cada día avances alucinantes, pensamos en viajes a Marte y en robot humanoides. Pero porque la comunidad científica ha tardado tanto en ganar la batalla contra el cáncer. Será una muestra de pretensión como especie que somos extremadamente inteligentes, cuando en realidad no lo somos.

Si reflexionamos en el entorno de esta reconfortante conversación, sobre el optimismo: Diría que al desarrollarse el uso masivo de la IA necesariamente los costos podrán ser más asequibles y la necesidad de grandes inversiones en la investigación del cáncer pudiera encontrar un punto de equilibrio, al poder contar con una tecnología  de vanguardia financieramente más funcional.


Ensayo para los lectores de Recuerdos Escritos

La humanidad vive un momento paradójico. Hemos construido máquinas capaces de aprender, sistemas que procesan más información de la que un cerebro humano podría abarcar en mil vidas, y tecnologías que nos permiten imaginar viajes interplanetarios como si fueran una extensión natural de nuestra curiosidad. Sin embargo, frente a uno de los desafíos más antiguos y dolorosos —el cáncer— seguimos avanzando con pasos que, a veces, parecen demasiado lentos para la urgencia de la vida.

Esta paradoja no es un signo de fracaso intelectual, sino un recordatorio de que la biología opera con reglas distintas a las de la ingeniería. El cáncer no es un enemigo único, sino un conjunto de más de cien enfermedades que evolucionan, mutan y se adaptan con una inteligencia primitiva pero implacable. Cada tumor es un ecosistema en movimiento, un universo microscópico que cambia más rápido de lo que nuestras herramientas tradicionales podían seguir.

Durante décadas, la investigación contra el cáncer ha sido un territorio de enorme complejidad científica y, al mismo tiempo, de inversión desigual. No porque falten mentes brillantes, sino porque la estructura de incentivos del mundo moderno ha empujado a muchos talentos hacia áreas más rentables: inteligencia artificial, finanzas algorítmicas, ciberseguridad, robótica. La biomedicina, en cambio, exige paciencia, años de formación y una tolerancia al fracaso que pocas industrias recompensan.

Y sin embargo, algo está cambiando.


La irrupción masiva de la inteligencia artificial no solo acelera la investigación: abarata su costo. Lo que antes requería supercomputadoras ahora puede simularse en horas. Lo que antes costaba millones —como secuenciar un genoma o modelar una proteína— hoy es accesible para laboratorios medianos. La IA convierte procesos lentos en procesos rápidos, y procesos caros en procesos abordables.

Por primera vez, la lucha contra el cáncer puede encontrar un punto de equilibrio entre necesidad científica y viabilidad económica. La tecnología de vanguardia deja de ser un privilegio de gigantes farmacéuticos y se convierte en una herramienta democratizada, capaz de multiplicar la capacidad de investigación en países, universidades y centros que antes quedaban al margen.

Pero esta transformación técnica no basta por sí sola. La pregunta de fondo sigue siendo ética:
¿Estamos dispuestos, como especie, a orientar nuestros recursos hacia aquello que protege nuestra propia supervivencia?
Porque los números son claros. Las grandes plataformas digitales generan ingresos diarios que superan los mil millones de dólares. Con una fracción de esa cifra, podrían financiarse miles de proyectos de investigación, ensayos clínicos completos, programas de detección temprana y laboratorios dedicados a terapias personalizadas. No se trata de caridad, sino de responsabilidad histórica.

La humanidad ha demostrado ser capaz de construir mundos digitales, pero aún no ha decidido invertir con la misma determinación en comprender y proteger su propia fragilidad biológica. El cáncer, en ese sentido, es más que una enfermedad: es un espejo. Nos obliga a preguntarnos qué valor damos realmente a la vida, y qué prioridades estamos dispuestos a sostener como civilización.


Y, sin embargo, hay motivos para el optimismo. No un optimismo ingenuo, sino uno maduro, consciente. La inteligencia artificial no resolverá el cáncer por sí sola, pero sí puede convertir lo imposible en abordable, y lo abordable en escalable. Puede abrir puertas que antes estaban cerradas por limitaciones técnicas o económicas. Puede permitir que más investigadores, más países y más comunidades participen en la búsqueda de soluciones.

Quizás ese sea el verdadero salto de época: no solo crear máquinas que piensen, sino usar esas máquinas para pensar mejor sobre nosotros mismos. Para decidir, colectivamente, que la vida humana merece la misma ambición que ponemos en nuestros avances tecnológicos.

En ese cruce entre ciencia, ética y esperanza se juega una parte esencial de nuestro futuro. Y es ahí donde Recuerdos Escritos encuentra su propósito: iluminar las preguntas que definen quiénes somos y quiénes podríamos llegar a ser.





viernes, 16 de enero de 2026

 

MAS ALLÁ DE LA IA: LAS CINCO REVELACIONES MAS IMPACTANTES Y SORPRENDENTES DE CES 2026

Por: Jorge García

Como era de esperar, la inteligencia artificial no fue solo un tema en el CES 2026; fue el aire que se respiraba. Desde los electrodomésticos más mundanos hasta los vehículos conceptuales más audaces, la IA se presentó como el "eje protagonista de la innovación", la respuesta universal a cualquier pregunta sobre el futuro de la tecnología. Si solo hubieras leído los titulares, pensarías que la única historia que importaba era la de los algoritmos y los grandes modelos de lenguaje.
Sin embargo, tras cuatro días recorriendo los 2,6 millones de pies cuadrados del Centro de Convenciones de Las Vegas, queda claro que las historias más reveladoras no estaban en los anuncios más ruidosos. Se escondían en los gadgets más extraños, en las consecuencias económicas inesperadas de la propia IA y en los avances silenciosos pero monumentales que realmente definirán nuestra relación con la tecnología en los próximos años.

Este artículo destila el ruido para presentar las cinco conclusiones más impactantes y sorprendentes de CES 2026, las historias que realmente importarán cuando el eco de los grandes anuncios se haya desvanecido.

Lo Raro es Maravilloso (y a Veces, Sorprendentemente Útil)

Más allá de los lanzamientos prácticos, la verdadera magia de CES a menudo reside en los gadgets que responden a preguntas que nadie hizo. Como señaló un artículo de The Times of India, "la innovación no siempre sigue un camino recto y, a veces, resuelve problemas que no sabíamos que teníamos". Este año no fue la excepción, con una brillante colección de tecnología bizarra que resultó ser inesperadamente ingeniosa.

La Lollipop Star es un ejemplo perfecto: una paleta de 9 dólares que reproduce canciones de artistas como Ice Spice y Akon directamente en tu cabeza mediante conducción ósea cuando la muerdes. Aunque es una novedad, demuestra de forma lúdica cómo la tecnología de audio puede integrarse en los objetos más inesperados.

El Jackery Solar Mars Bot es una batería de respaldo autónoma con paneles solares retráctiles que sigue al sol para optimizar su carga. Con sus ruedas y cámaras, puede seguirte como una mascota leal, demostrando un futuro donde la energía portátil no es solo pasiva, sino proactiva.

En el ámbito de la salud, el VOVO Smart Toilet Neo se destacó no solo por su capacidad para analizar la orina, sino por una función de seguridad única: si el inodoro no se ha usado en más de ocho horas, puede enviar una alerta a los familiares. Se presenta así como una herramienta inesperada pero valiosa para el cuidado remoto de personas mayores que viven solas.

Finalmente, el Seattle Ultrasonics C-200 es un cuchillo de chef que vibra 30.000 veces por segundo. Esta vibración ultrasónica reduce el esfuerzo necesario para cortar hasta en un 50%, lo que lo convierte en un avance significativo para cocineros con artritis u otras limitaciones de movilidad en las manos. Queda por ver cuáles de estas curiosidades se convertirán en herramientas de nicho indispensables y cuáles terminarán en el cementerio de gadgets olvidados, pero su existencia misma es un testimonio de la creatividad inagotable de la industria. Y mientras esta creatividad florece, una realidad económica más dura se cierne sobre la tecnología de consumo tradicional.

2. La IA se está Comiendo el Mundo... y la Memoria de tu PC

La omnipresencia de la inteligencia artificial en CES 2026 fue innegable. Sin embargo, bajo la superficie de esta revolución se esconde un costo directo y doloroso para los consumidores, especialmente para los entusiastas de los ordenadores. El auge de la IA no solo está creando software más inteligente; también está encareciendo el hardware que usamos a diario.

El problema, destacado en un acalorado hilo de Reddit, es simple: los centros de datos necesarios para entrenar y operar los grandes modelos de IA están consumiendo la producción mundial de memoria RAM a un ritmo sin precedentes. Esta enorme demanda de la industria de la IA está acaparando los componentes que, de otro modo, irían a parar a los ordenadores personales.

"Our global supply of memory is being sacrificed to appease the AI industry."

Este fenómeno se inscribe en un patrón recurrente en la industria tecnológica: la búsqueda de la "próxima gran cosa" para el mercado empresarial genera externalidades negativas para el mercado de consumo al que supuestamente sirve. Las consecuencias para el consumidor medio son nefastas. Los precios de componentes clave como la RAM se están disparando, haciendo que construir un nuevo PC o actualizar uno existente sea prohibitivamente caro. Resulta irónico que en el "Consumer Electronics Show" (Feria de Electrónica de Consumo), la tendencia dominante estuviera perjudicando directamente al consumidor de PCs, creando una barrera económica que dificulta el acceso a la tecnología que el propio evento celebra. Mientras la IA ejerce presión sobre el hardware externo, también está transformando la forma en que interactuamos con nuestro hardware más íntimo: nuestro propio cuerpo.

3. Tu Propio Cuerpo es el Nuevo Gadget Inteligente

La tecnología de la salud en CES 2026 dio un salto cuántico, dejando atrás el simple seguimiento de pasos y calorías. El nuevo paradigma no es registrar lo que ya hiciste, sino utilizar la IA para predecir tu salud futura y darte el poder de cambiarla. Tu cuerpo ya no es solo algo que monitorizar; es un sistema de datos del que puedes aprender en tiempo real.

El NuraLogix Longevity Mirror es la encarnación de esta idea. Con un simple video selfie de 30 segundos, este espejo inteligente analiza el flujo sanguíneo de tu rostro para predecir tu trayectoria de salud a largo plazo, incluyendo la edad metabólica, la salud cardíaca y otros indicadores de longevidad.

En la misma línea, la báscula inteligente Withings' Body Scan 2 va mucho más allá del peso. Mide 60 biomarcadores diferentes, como la edad vascular y la salud nerviosa, ofreciendo un chequeo de longevidad integral cada vez que te subes a ella.

Quizás el ejemplo más práctico fue Libre Assist, una aplicación de IA diseñada para personas con diabetes. Simplemente tomando una foto de una comida o describiéndola, la app predice el impacto que tendrá en los niveles de glucosa del usuario antes de que coma, permitiéndole tomar decisiones informadas al instante. Estamos entrando en una era en la que nuestros hogares se convierten en centros de diagnóstico personalizados, pasando del registro pasivo a la predicción proactiva. Mientras la IA nos promete un futuro más saludable analizando nuestros datos internos, otra forma de inteligencia artificial se está volviendo física para transformar nuestro entorno externo.

4. Los Robots Por Fin Aprenden a Hacer las Tareas que Odiamos

Durante años, los robots domésticos han sido más una novedad que una ayuda real. Sin embargo, CES 2026 marcó la llegada de lo que la Consumer Technology Association (CTA) llama "IA física": llevar la inteligencia de las pantallas al mundo físico para realizar tareas complejas y, sobre todo, tediosas.

El robot estrella en esta categoría fue, sin duda, el Roborock Saros Rover. Este aspirador no solo limpia el suelo, sino que utiliza unas ingeniosas patas articuladas para subir y bajar escaleras, solucionando uno de los problemas domésticos más molestos y una de las barreras más persistentes para la automatización de la limpieza del hogar.

Otras innovaciones prácticas siguieron esta tendencia. El Robotin R2 se presentó como el primer robot capaz de lavar alfombras en profundidad, no solo aspirarlas superficialmente. Por su parte, LG presentó su robot CLOiD. Los robots que doblan la ropa han sido una promesa perenne en CES durante casi una década, a menudo relegados a demostraciones fallidas. Sin embargo, aunque la demostración del robot de LG fue lenta, representa un paso tangible hacia la automatización de una de las tareas domésticas más universalmente odiadas.

La conclusión es clara: los robots están dejando de ser juguetes caros para convertirse en ayudantes funcionales que abordan problemas reales, devolviéndonos lo más valioso que tenemos: nuestro tiempo. Así como estos robots están rediseñando el interior de nuestros hogares, otros avances tecnológicos están redefiniendo silenciosamente la forma en que nos movemos fuera de ellos.

5. El Futuro de los Autos Eléctricos y Autónomos Llegó en Silencio

Si bien los coches conceptuales y las pantallas gigantes siempre acaparan la atención en CES, los avances más significativos en movilidad este año fueron técnicos y estratégicos, señalando una nueva madurez en el sector. Sin grandes fuegos artificiales, la tecnología fundamental para la próxima generación de vehículos eléctricos y autónomos dio un paso de gigante.

El avance más notable provino de Donut Lab, que presentó la "primera batería de estado sólido del mundo utilizada en un vehículo eléctrico de producción": la motocicleta Verge TS Pro. Las baterías de estado sólido son consideradas el "santo grial" porque ofrecen mayor densidad de energía (más autonomía), tiempos de carga mucho más rápidos y una seguridad superior en comparación con las baterías de iones de litio actuales. Ver esta tecnología salir del laboratorio y entrar en un producto comercial es un hito.

Al mismo tiempo, la conducción autónoma pasó de ser una promesa futurista a un servicio tangible. La presencia del Waymo Ojay electric robotaxi y los anuncios de alianzas estratégicas, como la de Uber con Lucid y Nuro, demostraron que los vehículos sin conductor ya no son un experimento. Están en fase de despliegue activo en las ciudades, consolidando la transición hacia un ecosistema de movilidad como servicio. Sin grandes anuncios espectaculares, la tecnología fundamental para la próxima generación de movilidad eléctrica y autónoma dio un gran paso adelante en CES 2026.

¿Qué Historia Importará Más?

La ironía central de CES 2026 fue palpable: la obsesión de la feria con un único concepto abstracto—la IA—eclipsó las innovaciones físicas y tangibles que podrían tener un impacto más inmediato y duradero en nuestra vida cotidiana. Las historias más definitorias no fueron necesariamente las que recibieron más atención, sino los avances silenciosos en baterías, los robots que solucionaron problemas cotidianos y la inesperada crisis de componentes causada por el propio auge de la IA.

Dentro de cinco años, ¿recordaremos CES 2026 por el auge de la IA, o por el día en que un robot aspirador aprendió a subir escaleras y una batería revolucionaria salió silenciosamente del laboratorio para cambiarlo todo?

Las Vegas ha vuelto a iluminarse, pero esta vez el brillo no proviene solo de las luces de neón, sino del amanecer de una nueva era tecnológica. El CES 2026 se ha posicionado indiscutiblemente como el epicentro de la innovación global, marcando un punto de inflexión histórico: el momento en que la Inteligencia Artificial (IA) dejó de ser un "software" invisible para convertirse en una entidad física que camina, rueda y vive entre nosotros.

De la Pantalla a la "IA Física"

Lo que define al CES de este año no es la velocidad de los procesadores, sino una transición fundamental hacia la "IA Física". Ya no estamos hablando de máquinas que simplemente procesan datos en una nube lejana; estamos ante dispositivos que interactúan de forma compleja y autónoma con el entorno humano.

Las fuentes y exhibiciones revelan un paisaje donde la robótica y la movilidad autónoma toman el mando. Entre los lanzamientos más impactantes, destacan:

Movilidad Sostenible Real: Vehículos eléctricos equipados finalmente con baterías de estado sólido, una tecnología que promete mayor autonomía y seguridad, eliminando una de las grandes barreras para la adopción masiva.

Salud Digital Reflejada: Espejos inteligentes que no solo muestran nuestro reflejo, sino que realizan diagnósticos de salud en tiempo real, integrando la medicina preventiva en la rutina de cepillarse los dientes.

Entretenimiento Flexible: Periféricos para juegos con pantallas enrollables, desafiando la rigidez del hardware tradicional.

La Tecnología al Servicio del Cuidado Humano

Quizás el aspecto más conmovedor —y el que requiere mayor reflexión ética— es la aplicación de esta "IA Física" en el cuidado personal. La feria ha presentado robots domésticos diseñados específicamente para cuidar de personas con demencia.

Estos no son simples asistentes; son máquinas capaces de entender contextos emocionales y necesidades físicas. Aquí es donde la tecnología toca la fibra más sensible de nuestra humanidad: la vulnerabilidad. Al mismo tiempo, curiosidades como las golosinas con tecnología de conducción ósea (que transmiten sonido a través del cráneo al comerlas) nos recuerdan que la integración entre biología y tecnología es cada vez más íntima.

La Sombra en el Paraíso del Silicio

Sin embargo, no todo es utopía en el CES 2026. Existe una tensión palpable en la industria. El sector del PC, otrora rey de la feria, enfrenta un panorama incierto.

El Dilema de los Recursos: La industria sufre una severa escasez de componentes. ¿La razón? Un desvío masivo de la producción de memoria hacia el sector de la IA corporativa.

Los grandes centros de datos que alimentan a las inteligencias artificiales globales están absorbiendo los recursos, dejando al consumidor final en un segundo plano. Esto plantea una pregunta crítica sobre la democratización de la tecnología: ¿Será el futuro solo para las grandes corporaciones?

La Necesidad de una Visión Global

El CES 2026 nos deja una lección clara: la tecnología ya no es una herramienta pasiva; es un agente activo en nuestra realidad física.

Ante el surgimiento de robots cuidadores y vehículos que toman decisiones de vida o muerte, la necesidad de un marco regulatorio global se hace evidente. Tal como hemos reflexionado anteriormente, la creación de organismos consultivos (como un departamento especializado en la ONU) es vital no para frenar el progreso, sino para garantizar que esta "IA Física" proteja a la humanidad y elimine los miedos actuales mediante una legislación justa y previsora.

El futuro ya está aquí, es tangible, y depende de nosotros definir las reglas bajo las cuales conviviremos con él.

Resumen Rápido para el Lector

CategoríaInnovación ClaveImpacto
MovilidadBaterías de estado sólidoMayor autonomía y seguridad en EVs.
SaludEspejos inteligentesDiagnóstico preventivo en el hogar.
SociedadRobots para demenciaCuidado asistido por IA Física.
EconomíaEscasez de chips de PCPrioridad de recursos para IA Corporativa.
El evento CES 2026 se posicionó como el escenario principal para la inteligencia artificial física y las innovaciones en robótica aplicada, destacando dispositivos como el perro robótico de apoyo emocional de Tombot y las aspiradoras de Roborock capaces de subir escaleras. En el ámbito de la movilidad, se presentaron avances significativos en baterías de estado sólido y vehículos autónomos, incluyendo los nuevos taxis eléctricos de Waymo y sistemas de asistencia integrados por Qualcomm. Los fabricantes de computadoras como Lenovo y HP mostraron conceptos vanguardistas de pantallas enrollables y diseños ultradelgados, aunque en foros como Reddit los usuarios expresaron preocupación por el aumento de precios en los componentes debido a la alta demanda de la industria de la IA. La feria también incluyó curiosidades tecnológicas como piruletas con conducción ósea para escuchar música y anillos inteligentes diseñados para transcribir reuniones de trabajo. En conjunto, las fuentes describen una transición hacia un ecosistema digital más autónomo y accesible, donde la IA se integra profundamente en la salud, el hogar y el entretenimiento.

Editorial.

La Innovación sin Brújula es un Riesgo Compartido.

Por: La Redacción de Recuerdos Escritos.

El despliegue tecnológico visto en el CES 2026 nos deja una verdad ineludible: la era de la "IA Física" ha llegado. Sin embargo, mientras celebramos que un robot pueda cuidar a nuestros ancianos o que un vehículo decida por nosotros en la carretera, debemos hacernos la pregunta que nadie en la feria de Las Vegas parece querer responder en voz alta: ¿Quién vigila a los vigilantes de silicio?

La tecnología avanza a un ritmo exponencial, mientras que la legislación camina a un paso lineal y, a menudo, torpe. Lo que vemos hoy es un panorama fragmentado donde la seguridad de una batería de estado sólido o la ética de un algoritmo de cuidado geriátrico dependen de la buena voluntad de corporaciones privadas o de regulaciones locales desconectadas entre sí.

El Vacío Legal Global

La escasez de componentes para PC en favor de la IA corporativa, revelada durante el evento, es un síntoma de un problema mayor: la falta de prioridades humanitarias en el desarrollo tecnológico. Si los recursos se desvían masivamente hacia intereses corporativos sin supervisión, corremos el riesgo de crear una brecha tecnológica insalvable.

Además, la introducción de robots en el cuidado de personas vulnerables (como pacientes con demencia) nos sitúa en un terreno ético resbaladizo. ¿Qué estatuto legal protege la dignidad humana frente a una máquina autónoma? ¿Qué sucede si el algoritmo falla?

"No podemos permitir que el futuro de la humanidad se defina únicamente en las salas de juntas de las empresas tecnológicas. Se requiere un contrapeso ético y global."




Una Propuesta Necesaria: El Departamento Consultivo de la ONU

Desde Recuerdos Escritos, sostenemos que la solución no es frenar la innovación, sino encauzarla. Es el momento histórico para impulsar la creación de un Departamento Consultivo de Tecnología y Futuro Humano dentro de las Naciones Unidas.

Este organismo no sería un ente burocrático más, sino una necesidad operativa con tres funciones claras:

Informar a los Estados:Proveer datos neutrales y científicos sobre los impactos reales de las nuevas tecnologías, evitando que los gobiernos legislen desde el desconocimiento o el miedo.

Armonizar la Legislación:Crear un marco legal supranacional que proteja los derechos fundamentales frente a la IA física y la biotecnología.

Eliminar el Miedo mediante la Seguridad: Al regular el uso de estas herramientas, se desactivan los temores apocalípticos. La tecnología se vuelve una aliada confiable, no una amenaza incontrolada.

El CES 2026 nos ha mostrado las herramientas maravillosas que tenemos a nuestro alcance. Ahora, nos toca a nosotros construir las instrucciones de uso para que estas herramientas sirvan a la humanidad, y no al revés. La innovación sin gobernanza es solo caos esperando ocurrir.

Los Cinco Pilares de la Gobernanza Tecnológica Global.

Propuesta para el Departamento Consultivo de la ONU.

Para que la tecnología avance sin dejar atrás a la humanidad, este nuevo organismo deberá velar por el cumplimiento irrestricto de los siguientes principios fundamentales:

1. Supremacía de la Decisión Humana La Inteligencia Artificial, ya sea en software o en robots físicos, debe permanecer siempre bajo supervisión humana significativa. Ningún algoritmo tendrá la autoridad final sobre la vida, la libertad o la dignidad de una persona sin una instancia de validación humana.

2. Transparencia Algorítmica (El Derecho a Entender) Se prohíben las "cajas negras" en sectores críticos (salud, justicia y seguridad). Todo sistema que interactúe con humanos debe ser explicable; los ciudadanos tienen derecho a saber por qué una máquina tomó una decisión y quién es el responsable legal de la misma.

3. Integridad Neuro-Digital Ante tecnologías invasivas (como la conducción ósea o interfaces cerebro-máquina), se garantiza la protección de los datos biológicos y neuronales. La mente humana es el último santuario de privacidad y no podrá ser comercializada ni manipulada sin consentimiento explícito y consciente.

4. Equidad en la Distribución de Recursos Se evitará el monopolio tecnológico que desvía recursos esenciales (como semiconductores o energía) exclusivamente hacia intereses corporativos. La innovación debe garantizar un "dividendo social", asegurando que los beneficios de la IA lleguen también a las naciones en desarrollo y poblaciones vulnerables.

5. Seguridad por Diseño y Eliminación del Miedo Toda "IA Física" que opere en espacios públicos o domésticos debe incluir mecanismos de seguridad inalterables (un "botón de apagado" universal). La regulación no busca prohibir, sino estandarizar la seguridad para eliminar el miedo colectivo a la rebelión o el fallo catastrófico de la máquina.



El CES 2026 lo ha confirmado: La IA ya no solo piensa, ahora actúa.

Desde robots que cuidan a nuestros mayores hasta vehículos que deciden por nosotros, la tecnología se ha vuelto física y tangible. Pero mientras celebramos la innovación en Las Vegas, surge una pregunta urgente: ¿Quién pone las reglas?

En Recuerdos Escritos, analizamos los lanzamientos más sorprendentes y planteamos un debate crucial: la innovación sin una brújula ética global es un riesgo compartido. Es hora de hablar de un Departamento Consultivo de Tecnología en la ONU para proteger nuestro futuro humano.

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